Al norte de un país, entre montañas nubladas, habitaban tres
monstruos idénticos. Uno se llamaba Fa, el otro Fe, y el último Fu. Los tres
eran terriblemente fuertes y competían uno con el otro en velocidad, astucia e
inteligencia. Un día Fa dijo a los otros dos: “Este lugar dejó de ser
divertido, vámonos, cada uno en una dirección y hagamos una nueva vida. Dentro
de diez años encontrémonos de vuelta y veamos quién es mejor que los demás.” Fe
y Fu estuvieron de acuerdo, de modo que salieron brincando en direcciones
diferentes.
Esta es la historia de Fe, y de cómo quedó solo en el mundo.
Fa llegó a una aldea de pescadores. Estaba impresionado con
los colores y aromas nuevos. Cuando intentó acercarse a saludar a uno de los
habitantes del poblado este murió por la impresión de ver una criatura tan
espantosa y terrible. ¡Fa estaba aún más emocionado! Era el ser más poderoso
del lugar, los humanos no tenían oportunidad contra él. De modo que habitó en
una cueva al norte de la aldea desde donde bajaba ocasionalmente a la ciudad para comer y
desgarrar la carne fresca de quién quiera que se le atravesara.
Había hallado
su felicidad.
Fu encontró una caravana de artistas que se dedicaban a
entretener a reyes y príncipes. Estaba impresionado con sus luces y con su música.
De modo que se unió a ellos e interpretaba el papel de bestia feroz, que se le
daba muy bien, recibiendo aplausos en cada castillo que visitaban. Había
hallado su felicidad.
En cuanto a Fe, este encontró una gran ciudad y le pareció
increíble la cantidad de personas que viajaban, iban y venían, sin rumbo,
pensando en sí mismas, perfeccionando su narcisismo. Intentó asustar a algunos,
pero, nadie le puso atención. Mató a varios y los dejó desangrándose en el
pavimento pero, nadie le puso atención. Fe estaba aburrido.
Un día, Fe estaba en lo alto de un edificio y, al ver hacia
abajo vio a un hombre alto y de semblante serio. Al paso de este hombre todos
se asombraban, a una palabra suya morían miles, no solo dos o tres. Fe estaba
encantado con este hombre. Así que una noche entró en su habitación y le dijo:
“Si quieres puedo hacerte más fuerte, solo tienes que pedirlo.” El hombre era
codicioso, así que accedió.
Fe entró por su boca y se alojó en sus entrañas llenando
todo su interior. Ya adentro, Fe conoció a la conciencia de este hombre; era
minúscula, oscura e indiferente. De modo que la aplastó lentamente y la
conciencia gritó de dolor, suplicando piedad. La conciencia le dijo a Fe todo
lo que sabía del hombre y sus actos a cambio de sobrevivir, así que Fe escuchó
con atención.
Ahora Fe no estaba aburrido, había hallado a un monstruo mayor
que él en astucia y crueldad.
Fe admiraba al hombre en el que vivía, lo admiraba tanto que
un día, estirado en su interior, se preguntó qué pasaría si probaba su cerebro.
Tomó un bocado y el hombre gritó. A Fe le encantó ese sabor negro y viscoso de
modo que siguió comiendo. Y siguió y siguió, hasta que el hombre murió. Ahora
Fe era ese hombre y podía hacer lo que quisiera, era listo y mejor aún, doblemente
despiadado. Fe empezó a matar uno por uno a los habitantes de aquella gran
ciudad. Millones murieron.
Al darse cuenta, la gente de ciudades y países vecinos
acudieron a pelear en su contra. Sin embargo él se dio cuenta de que los
grandes señores, que decían desaprobar la guerra y la muerte, en realidad veían
en ella un gran negocio y sintió asco, de modo que los devoró también,
volviéndose incluso más fuerte que al inicio.
Fe creció, se hizo más listo y sanguinario y, diez años
después regresó al norte de su país de origen. Fa y Fu ya estaban allí. Al instante de verlos se dio cuenta de que, ya no eran iguales. Él era mejor, y ellos, conformistas. Demasiado estúpidos. De modo que los devoró también creciendo de
tamaño considerablemente.
Pronto, el mundo no era suficiente para Fe. Pero él era astuto,
de modo que, con su poder, creó a un par de niños y los colocó en un rincón de
su patio trasero. Los niños crecieron y tuvieron más niños y estos a su vez más
niños. Fe ya no estaba aburrido, tenía juguetes con los cuales jugar, carne
fresca que destazar y sangre caliente para beber.
No, no estaba aburrido, eso sí, estaba
completamente solo.
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