Y ahí estaba.
Después de tanto tiempo por fin la tenía frente a él.
<<¿Y ahora qué rayos le digo?, -pensó desesperado-, ¡no sé una maldita palabra en este idioma del demonio!>>
Los ojos de ella, enormes y expresivos, se paseaban por un periódico con total soltura, ignorando los pensamientos del chico sentado a solo unos metros.
<<Debo decirle algo, -se convenció-, la he admirado por tantos años, he recorrido medio mundo; no puedo acobardarme ahora.>>
Así que se levantó de pronto. Su corazón latía tan fuerte que por un momento pensó que atravesaría su camisa. Dio unos pasos y se plantó frente a ella. Era el tiempo de la verdad.
-Emmmm, disculpa... ¿eres tu...? -Las palabras murieron en su garganta.
Justo en ese momento Aliya levantó la vista hacia él, y, al nomás notar su presencia, y su inseguridad, le dedicó una mirada gélida, esa misma mirada por la que era tan famosa.
El sudor fluía sin parar. ¡No sabía qué decir! No lo sabía, ni lo sabría nunca.
Justo en ese momento ella se puso de pie. Dio media vuelta y se marchó.
Eso era todo. Todo para él. Después de semejante bienvenida no se atrevería a entrar al gimnasio ni a regresar nunca más.
<<¿Es que he venido aquí para nada?>> -Preguntó con lágrimas surgiendo de sus ojos.
Volvió la vista justo cuando Aliya entraba al recinto. Su sueño había muerto en Round Lake esa tarde.
Se detuvo unos segundos con la vista clavada en la puerta que se cerraba y se resolvió a salir con la poca dignidad que le quedaba.
Volvió sobre sus pies tan de prisa que no se dio cuenta que chocaba con alguien y ambos cayeron al suelo.
Él se apresuró a levantarla, porque era una chica, mientras preguntaba:
-¿Estas bien?
Viktoria abrió sus enormes ojos mientras decía:
-Я в порядке. Не волнуйся.
Una sonrisa sincera salió de sus labios mientras se acomodaba la coleta con ambas manos.
-До свидания. Я должен тренироваться. -Le dijo contenta y radiante mientras seguía su camino con su mochila de la federación sobre el hombro derecho.
El sol brilló sobre el rostro de Diego mientras el color regresaba a sus mejillas.
<<Siempre supe que serías tú la que arreglaría mi día, -se dijo a sí mismo mientras se daba la vuelta-. Siempre supe que serías real.>>
¿Qué su viaje había terminado? Nada de eso. No había hecho sino empezar.
Después de tanto tiempo por fin la tenía frente a él.
<<¿Y ahora qué rayos le digo?, -pensó desesperado-, ¡no sé una maldita palabra en este idioma del demonio!>>
Los ojos de ella, enormes y expresivos, se paseaban por un periódico con total soltura, ignorando los pensamientos del chico sentado a solo unos metros.
<<Debo decirle algo, -se convenció-, la he admirado por tantos años, he recorrido medio mundo; no puedo acobardarme ahora.>>
Así que se levantó de pronto. Su corazón latía tan fuerte que por un momento pensó que atravesaría su camisa. Dio unos pasos y se plantó frente a ella. Era el tiempo de la verdad.
-Emmmm, disculpa... ¿eres tu...? -Las palabras murieron en su garganta.
Justo en ese momento Aliya levantó la vista hacia él, y, al nomás notar su presencia, y su inseguridad, le dedicó una mirada gélida, esa misma mirada por la que era tan famosa.
El sudor fluía sin parar. ¡No sabía qué decir! No lo sabía, ni lo sabría nunca.
Justo en ese momento ella se puso de pie. Dio media vuelta y se marchó.
Eso era todo. Todo para él. Después de semejante bienvenida no se atrevería a entrar al gimnasio ni a regresar nunca más.
<<¿Es que he venido aquí para nada?>> -Preguntó con lágrimas surgiendo de sus ojos.
Volvió la vista justo cuando Aliya entraba al recinto. Su sueño había muerto en Round Lake esa tarde.
Se detuvo unos segundos con la vista clavada en la puerta que se cerraba y se resolvió a salir con la poca dignidad que le quedaba.
Volvió sobre sus pies tan de prisa que no se dio cuenta que chocaba con alguien y ambos cayeron al suelo.
Él se apresuró a levantarla, porque era una chica, mientras preguntaba:
-¿Estas bien?
Viktoria abrió sus enormes ojos mientras decía:
-Я в порядке. Не волнуйся.
Una sonrisa sincera salió de sus labios mientras se acomodaba la coleta con ambas manos.
-До свидания. Я должен тренироваться. -Le dijo contenta y radiante mientras seguía su camino con su mochila de la federación sobre el hombro derecho.
El sol brilló sobre el rostro de Diego mientras el color regresaba a sus mejillas.
<<Siempre supe que serías tú la que arreglaría mi día, -se dijo a sí mismo mientras se daba la vuelta-. Siempre supe que serías real.>>
¿Qué su viaje había terminado? Nada de eso. No había hecho sino empezar.
Relato corto dedicado a mi buen amigo Diego Cesar Aponte.
=,) la historia mas hermosa!!
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