sábado, 29 de noviembre de 2025

Cuando Nadie Está Mirando

El celular vibró haciéndolo centrar su atención en el bolsillo del pantalón. Alguien lo llamaba.

¿Quién será ahora? —se dijo a sí mismo, mientras cerraba la mano alrededor del teléfono, lo suficiente como para silenciar la llamada.

Se encontraba en un Panel del Colegio. Uno de esos encuentros gremiales que, en teoría, sonaban perfectos, pero que en la práctica agrupaban miles de intereses egoístas.

Estaba ahí por insistencia de una amiga —lo cual, comparado con su último intento de invitación, era una bocanada de aire fresco— murmuró en voz baja. Parada frente a él, era un metro cincuenta y cinco de pura curiosidad; no conocía a nadie, no ubicaba a nadie, sin embargo su alegría y expectativa eran contagiosas.
—No cabe duda que la ignorancia es la felicidad —dijo casi sin pensar.

Su celular volvió a vibrar. Esta vez decidió contestar. Era María, su ahijada de graduación.
¿De nuevo? ¿Cuántas dudas puede tener alguien en un solo día? —maldijo para sus adentros. Exasperado, contestó:

—Perdóname, Joselyn… tomaré esta llamada. ¿Aló?
—¿Aló? ¿Víctor? Perdona que te moleste tanto… ¿cuánto puedo cobrar por una compraventa de inmueble de un millón de quetzales? —su voz sonaba expectante del otro lado.
—Mmmm… ¿es primera o segunda compraventa? ¿Con qué valor está registrada en la Muni o en el DICABI?
—Em, no sé… ¿cómo puedo averiguar eso?
—Pedile al vendedor número de finca, folio y libro. Si tiene copia del primer testimonio, mejor. Un recibo de IUSI tampoco sería mala idea. Te mandaré un correo del Ministerio de Finanzas Públicas para que corrobores.
—Emmm… —balbuceó mientras anotaba—. Anotado. Y… ¿sobre mis honorarios?
—No aceptés menos de tres mil quinientos. Si te consigue lo que te dije ya podemos calcular pago registral e impuestos.
—¡Gracias, Vic! ¡Siempre te estoy molestando! —y colgó.

Sus llamadas nunca eran realmente una molestia. Le daba gusto ayudarla… aunque dos llamadas al día eran su límite antes de que empezaran a sentirse como un ¿inconveniente? Y aun así, le agradaba poder corresponder a su amistad.

Decidido a volver a su conversación con Joselyn, levantó la vista… y entonces lo vio:

Por sus mejillas corrían dos senderos brillantes. Lágrimas perfectas. Frías. Como pequeñas esferas de plata dejando un rastro cegador sobre su piel. Estaba llorando. En silencio. Fingiendo que todo estaba bien.

Y él sabía perfectamente por qué.

Lo que me sorprende es lo fuerte que ha sido hasta ahora —pensó—. Fingiendo que no pasa nada. Para ser tan pequeña… es increíblemente poderosa.

Así que inhaló despacio y entendió —por primera vez esa tarde— que aquello que había juzgado como simple ingenuidad no era más que un mecanismo de defensa. Un escudo precioso sosteniendo a una niña que estaba rompiéndose por dentro.

Se acercó.
No dijo nada.
No necesitaba decirlo.

Y reconociendo la devastación escondida detrás de esa sonrisa tensa… se resolvió a sentarse a conversar con ella. Allí. Con calma. Con paciencia. Una vez más.

Porque —lo supo sin admitirlo en voz alta—
hay momentos que solo existen cuando nadie está mirando…

viernes, 17 de octubre de 2025

Lo que pudo ser

Basado en hechos reales

Se han cambiado algunos nombres

 


La camioneta pasó sobre un enorme bache haciéndola perder momentáneamente el equilibrio. 

 

<<Maldito gobierno —se dijo a sí misma—. Convirtieron una autopista de pago en una de acceso libre y desde entonces está instransitable.>>

 

Amy —así se llamaba— iba camino al hotel de su familia en el Puerto de San José, en teoría a hora y media de distancia.

 

<<Si es que llegamos algún día —maldijo entre dientes.>> El tráfico de miércoles era insoportable. Pero no menos que el del resto de días de la semana. 

 

Aburrida, recostó su rostro contra el vidrio mientras observaba el teléfono en pantalla de bloqueo que descansaba moribundo sobre su pierna.

 

Melancolía. Sí. Eso era. La abrazaba con fuerza, como la procrastinación abrazaba a su hermana menor, sentada a su lado, día tras día desde que tenía cinco años. 

 

<<La última vez que la vi entusiasmarse por algo.>>

 

Volteó a verla un momento, solo para contemplar su rostro de aburrimiento, <<y de hecho el único que parece tener.>> Rostro iluminado por los reels que pasaba uno después de otro.

 

De pronto otra fuente de luz llamó su atención, mientras la vibración de su teléfono la sobresaltó más de lo esperado. 

 

Observó la pantalla y un mini—infarto la hizo ahogar un grito: era Jose. 

No se veían desde hace varios días. Desde que se dio cuenta en definitiva que le gustaba.

 

Pensó si contestar, sintiendo los ojos de todos en el vehículo sobre ella. Al final, mortificada de la pena, tuvo que decidirse:

 

—¿Aló?

—¿Aló? ¿Amy? Hola… ¿qué tal? —Su voz temblaba nerviosa del otro lado.

—Bien, camino al Puerto. ¿Y tú? —Intentó darle más seguridad a su voz. <<Mas seguridad que la de él, al menos.>>

—Em, igual. Camino al puerto. 

<<¿Será posible? —se preguntó extrañada—. La simple posibilidad de volver a verlo antes de lo esperado la hizo arquear la espalda de la emoción>>

—¿Sí? —Intentó no delatar su expectación, pero su voz se afinó dos quintos hacia arriba—. ¿Y eso? ¿A qué vas?

—Emmm… —Dudó un poco antes de añadir—: Conseguí dos entradas para el concierto de Carlos Vives… —Pausó por un momento.

<<¿Y? ¿Planeabas invitarme? —una sonrisa tonta asomó a sus labios, delatándola por completo>>

—¿Ajá? ¿Y? —Lo iba a obligar a decirlo.

—…¿Quieres venir conmigo?

 

La invitación, inesperada pero deseada, le dio calor a su pecho unos instantes. 

¿Un concierto a su lado? ¡Lo había soñado tanto! ¿Los dos abrazados al ritmo de la música? Era un sueño. El artista era lo de menos. Podía tratarse de Sepultura, o de la Vela Puerca (bandas que ni siquiera conocía); no importaba, siempre y cuando fuera con él.

 

Pero el calor desapareció tan rápido como había llegado. Los ojos de su mamá se reflejaban en el retrovisor fijos en ella. Inquisitivos. Curiosos. ¿Amenazantes? Y allí supo exactamente lo que, como buena niña católica, debía contestar.

 

—Emmmm. Me gustaría. Créeme. Pero, no creo que me den permiso.

 

La voz de su mamá sonó fuerte como un trueno: 

 

—¡¿Con quién hablas Amy?! A ver: pon el altavoz.

 

Si diecisiete años de vivir con ella le habían enseñado algo, era a obedecerla lo antes posible cuando le hablaba en ese tono.

 

La voz de Jose sonó distante como un eco:

—¿No te dejarían ir… conmigo? —Preguntó, casi decepcionado.

—No. No me darían permiso. Lo siento Jose. —Ella también sonó decepcionada.— Pero… puedes intentar ir con alguien más. —Se apresuró a añadir, tratando de sonar contenta con la idea de que pudiera irse con otra.

 

<<¿Su exnovia tal vez? Maldita zorra.>>

 

—Es que... si no es contigo, no voy. 

 

Amy apretó sus puños. Quiso morir. Tantos sentimientos la embargaron. La frase le llegó a lo más recóndito y entonces, recordó.

 

Se conocieron trabajando juntos en el festival cultural de la escuela. Y no, no era precisamente su tipo, como no se cansaba de recordarle su mejor amigo. 

 

Sin embargo, ¡era tan lindo con ella!, incluso travieso en ocasiones, pero cohibido la mayor parte del tiempo.

 

Y fue así como se fue dando todo. No en una explosión de emociones desbordantes, como un quásar eruptando polvo estelar, sino lenta y casi imperceptiblemente: de los mensajes esporádicos a las horas interminables de conversaciones sobre mil y una tonterías. Se divertían tanto juntos y, sin embargo el recuerdo de su última novia aún pesaba sobre ella como el mismísimo firmamento en una noche sin luna.

 

<<Al menos sé que de hambre no me voy a morir —bromeaba con sus amigos, después de un par de cocteles>>

 

El impacto de saber que era con ELLA con quien ÉL quería estar seguía ahí. Y sin embargo la llamada terminó como había empezado. Lo amaba, lo sabía. Pero de poco le iba a servir si no podía estar con él. 

 

Un adiós melancólico puso fin a la comunicación para dar paso al calor infernal del Puerto de San José. El golpe de aire caliente al bajar del auto fue justo lo que necesitaba para terminar de arruinarse el día y, para colmo, recordar —muy a su pesar— a su profesor de física diciéndole, como disco rayado, que recordara que el calor solo existe cuando hay un cambio de temperatura.

 

<<Mr. Víctor estaría orgulloso de mí. Recordé algo de su aburridísima clase. Y no es que me haya servido de mucho, la verdad. —No estaba de ánimo para la ciencia.>>

 

Entró al frío de su habitación y feliz de que el clima por fin estuviera a juego con la tristeza y —¿desesperación?— que sentía, se acostó entre sábanas blancas pensando en lo que pudo ser, y que aparentemente no sería. 

 

 


Nervioso como nunca había estado antes observó una vez más la pantalla de su celular y su nombre quedó grabado en su retina.

No se veían desde hace varios días. Desde que se dio cuenta, en definitiva, de que ella le gustaba.

 

Pensó unos segundos si llamarla o no, mientras sentía de fondo el apoyo de sus padres, quienes iban con él en el mismo vehículo.

 

Hijo de militar, siempre había intentado ser honesto con ellos. <<Hasta en las familias hay rangos que respetar —creía firmemente.>>

 

Y al final, fue ese apoyo moral y —¿presión autoimpuesta?— lo que lo llevó a hacer la llamada: 

 

—¿Aló? —Respondió ella. Siempre sonaba tan linda cuando hablaba, como un violonchelo ligeramente mal afinado: tierna pero profesional.

—¿Aló? ¿Amy? Hola… ¿qué tal? —Su voz tembló nerviosa. <<Espero que no lo haya notado.>>

—Bien, camino al Puerto. ¿Y tú? —Sonó casual. ¿No se alegraba acaso de oirlo?

—Em, igual. Camino al puerto. —Esta última frase lo decidiría todo. Lo sabía.

—¿Sí? —Su voz sonó un poco más dulce que antes. <<¿Podría ser? —se preguntó>> ¿Y eso? ¿A qué vas?

—Emmm… —Titubeó pero añadió rápidamente—: Conseguí dos entradas para el concierto de Carlos Vives… —Pausó por un momento y dudó. ¿Querría acaso ir con él? 

<<Es ahora o nunca>>

—¿Ajá? ¿Y? —La expectación era palpable.

—…¿Quieres venir conmigo? —Lo dijo tal como lo pensó, sin importarle nada más que sacárselo del pecho. <<¿Es que no se da cuenta del poder que ejerce sobre mí? —se lamentó para sí mismo.>>

 

La pausa pareció infinita. Podía escuchar a su corazón latir como redoblante en banda de guerra.

 

—Emmmm... —Aquí viene.— Me gustaría. Créeme. Pero, no creo que me den permiso.

 

La voz de su mamá sonó fuerte del otro lado, como un motor de avión DH6: 

 

—¡¿Con quién hablas Amy?! A ver: pon el altavoz.

 

¡Su mamá estaba con ella! <<¡Fui un estúpido al asumir que estaría sola! —Había arruinado el momento, lo sabía. Y peor aún: ¿qué pasa si pide hablar conmigo para preguntarme qué intenciones tengo con su hija?>> El terror más absoluto lo invadió.

 

Sacando fuerzas de flaqueza alcanzó a decir, casi en un suspiro:

—¿No te dejarían ir… conmigo? 

 

De nuevo, los segundos del reloj se escurrieron dolorosamente.

 

—No. No me darían permiso. Lo siento Jose. —Ella también sonaba decepcionada—. Pero… puedes intentar ir con alguien más. —Lo dijo, y sonó sincera. 

 

<<¿Es que no te das cuenta que a quien quiero es a ti? —lo pensó con ira y con convicción.>> 

 

Y tal vez por eso tuvo la fuerza para agregar:

 

—Es que... si no es contigo, no voy. 

 

Lo dijo tan pronto lo pensó. Ahí estaba, no había marcha atrás. Más obvio no podía ser. La amaba. La había amado desde la primera vez que la vió: una flama danzante de cabello anaranjado. Fuerte, poderosa, independiente. Fue su jefa en el festival cultural de la escuela, ¡y vaya jefa! Regañaba, gritaba, amenazaba, animaba y daba consuelo y consejo.

 

<<Es absolutamente maravillosa. Exactamente el tipo de mujer para mí.>>

 

Estaba perdido, lo sabía.

 

Recordaba las palabras de su asesor en el festival cultural como si hubiera sido ayer:

—Nunca le diga a una niña directamente que le gusta Jose. Eso es darle demasiado poder. Y lo lamentará, vaya si lo lamentará.

 

<<Mr. Víctor estaría avergonzado de mí si me viera ahora. Aunque… ¿qué sabrá él de amar a alguien como yo la amo a ella?>>

 

Amy quedó un minuto en silencio después de su última frase. Y sin embargo la llamada terminó como había empezado. La amaba, lo sabía. Pero de poco le iba a servir si no podía estar con ella. 

 

En la escuela había ojos por todos lados, y los malditos maestros sancionaban hasta la más mínima “manifestación de noviazgo”.

 

<<Ridículos. ¿Es que no fueron jóvenes alguna vez?>>

 

Un adiós melancólico puso fin a la comunicación para dar paso al calor infernal del Puerto de San José. 

 

<<El puerto del santo que lleva mi nombre.>>

 

Entró al frío de su habitación y con una angustia infinita, se acostó un momento donde, quedándose dormido, soñó con ella y con aquello que pudo ser y no sería.

 

¿O sí?






lunes, 20 de enero de 2025

Los sueños no pueden durar para siempre

 Año 84,575 Calendario Gregoriano

Víctor 0964, uno de los clones originales viaja con Daniela 0785. Han pasado 81,200 años desde que salieron de La Hora Dorada. Ahora, después de haber visitado infinidad de planetas, visto maravillas cósmicas e incluso estudiado (sin mucho éxito el agujero negro Cygnus X-1) se dirigen al sistema solar original. ¿La razón? Su infinita curiosidad. ¿O simplemente era la necesidad de encontrar algo que justificara su existencia?

Daniela sueña con conocer los hermosos bosques tropicales de Centro América (si es que aún existen). Las noticias viajan muy lentamente cuando estás a 20,000 años luz de distancia del lugar que te interesa.

Durante todos estos miles de años han pasado casi un 80% del tiempo en sueño criogénico para soportar los enormes y largos viajes. Despertando solo cuando es absolutamente necesario. Y cada vez que lo hacen, el peso de los siglos les aplasta los hombros, como si ya no quedara nada de aquellos seres que habían sido en su inicio.

Viendo por la ventana, habiendo programado su fecha para despertar 5 años antes que la de Daniela 0785 (la ama, muchísimo, pero a veces un hombre necesita estar solo con sus propios pensamientos), se pregunta, como tantas otras veces: ¿En qué estaba pensando su yo original como para decidir invertir la fortuna de mil mundos y de todo su Clan en un proyecto tan titánico y extenso? ¿Lo hizo solo por amor? Debe haberlo hecho, ¿no? No podía negar su enorme curiosidad y deseo de aprender, pero: ¿darles vida a mil personas por un simple sentimiento (que científicamente es imposible que dure para siempre)? Y lo mismo podría decirse de Daniela 0000, como llamaban a la Daniela Original. La musa de todos ellos.

¿Qué pasaría cuando se cumplieran los 100,000 años de duración del proyecto? ¿Serían libres? No es que ÉL no se sintiera libre. No. Pero desde hace muchos años había(n) escuchado rumores perturbadores sobre hermanos rebeldes. Víctors y Danielas renegados, que: o habían desertado y ahora se encontraban solo Dios sabe dónde, o en una muestra absoluta de temeridad y osadía (y de estupidez) se habían aventurado al espacio intergaláctico (algo que definitivamente no era más que una forma romántica de suicidarse juntos).

¿Recibirían la gratitud de sus originales? ¿Quienes para este punto se habían vuelto seres casi míticos para todos los clones hasta el punto de ser reverenciados o incluso adorados por muchos de ellos? No lo sabía. Pero tenía que pensar en ello. Pensar... era lo que mejor se le daba.

Mientras se levantaba de su asiento para checar la cámara criogénica de Daniela 0785 y observaba su piel brillante y casi congelada a través del vidrio de la cámara no pudo evitar sonreír. Maldita sea que eran compatibles. ¿Así que todo este viaje era por amor? Pensándolo bien: podía vivir con ello.

Fue justo en ese instante que la máquina Planck de la nave se activó. Un mensaje estaba siendo descifrado.

Y, de forma automática, porque así estaba programado todo el sistema de la nave, la cámara criogénica que contenía a Daniela 0785 pasó del blanco al verde, indicando que el proceso para despertarla había dado inicio.

Una máquina de Planck no era más que un ordenador cuántico con forma de cubo de un metro por cada uno de sus lados. Completamente frío, estéril y plateado, solo tenía un pequeño teclado oculto y una pantalla simple de 30 centímetros de largo por 20 de ancho que mostraba texto y líneas de código. No mostraba imágenes, pero, las líneas de código binario podían introducirse a un ordenador normal si era necesario.

Todas las naves del clan Gentian Marcel tenían una máquina de Planck.

Víctor 0964 comprendía las bases detrás de su funcionamiento pero no aspiraba a ser un experto, ni mucho menos. Cualquier miembro del clan podía enviar un mensaje a través de ellas, tanto al presente como al futuro. Pero nunca al pasado. Con la limitante de que lo que sea que mandaran sería visible para todos los clones. No era lo mejor en materia de privacidad, pero era extremadamente útil cuando estás viajando a un noventa y nueve por ciento de la velocidad de la luz.

El descifrar un mensaje podía tomar desde algunos segundos hasta horas enteras. Y dado de que no era algo común recibir mensajes, todo esto era una situación anormal.

Por alguna razón Víctor 0964 tenía un mal presentimiento.

El proceso de descriogenización de Daniela 0785 duraría casi dos horas, después del cual la pobre quedaría completamente indefensa, débil y confundida. Necesitaría bebidas revitalizantes con urgencia.

Normalmente este proceso se realizaría de forma gradual y cómoda a lo largo de doce horas completas. Sin embargo, el protocolo establecía que cuando se recibiera un mensaje a través de la máquina de Planck todos los clones que estuvieran en sueño criogénico serían despertados con carácter urgente.

- Pobre Dani -Susurró Víctor 0964. - Siempre la pasa tan mal cuando despierta.

Haría lo que fuera para evitarle cualquier dolor, sufrimiento o malestar. Pero en este caso, el sufrimiento era inevitable. Para ella, claro, pero también para él, que sufría al verla sufrir.

Le solicitó a la nave que le enviara una alarma en el segundo que Daniela 0785 despertara y se dirigió a la Máquina de Planck. Ya había empezado a descifrar la información enviada.

<MENSAJE DE VICTOR 000...>

¿Un mensaje de unos de los primeros clones? La mala espina aumentó exponencialmente.

Si los originales eran figuras casi divinas, incluso abstractas, los primeros clones serían el equivalente a los sumos sacerdotes. Vivían cerca de ellos. Los conocían mejor que nadie y los amaban con locura.

-Solo son un montón de lambiscones- Se dijo a sí mismo Víctor 0964. Aunque en el fondo envidiaba su cercanía con sus padres originales.

El clon que estaba enviando el mensaje obligatoriamente debería ser uno de los primeros nueve. ¿Cuál de todos ellos sería?

La máquina de Planck se actualizó.

Víctor 0964 palideció. Esto no era bueno.

<MENSAJE DE VICTOR 0001. URGENTE. AÑO 84,576...>

El mensaje era del presente. Lo que sea que estuviera ocurriendo era urgente y estaba pasando en tiempo real.

 

Daniela 0785 se vomitó encima al despertar. Siempre la pasaba extremadamente mal al descriogenizarse.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas, grandes y abundantes.

Buscó con la vista a su esposo y a través de sus ojos cargados de líquido pudo darse cuenta de algo poco común: Víctor 0964 no estaba ahí, para ella, como siempre. Algo iba mal.

Se incorporó poco a poco sentándose en el borde de la cámara. Sujetándose a los lados y viendo sus pies, blancos como la leche. Maldijo el proceso y, casi susurrando habló con la nave.

- Nostalgia. (La nave se llamaba Nostalgia por el Infinito). ¿Qué año es? ¿Dónde está Víctor 0964?

La nave respondió amablemente en su voz estándar unisex:

- Buenos días Daniela Gentian 0785. Es el año 84,576 del calendario Gregoriano. Víctor 0964 está en la sala de control.

Típica inteligencia artificial. Solo decía lo que se le preguntaba. Ni más ni menos. Daniela parpadeó incrédula. ¿La habían despertado cinco años antes de lo programado? ¿Quién? ¿La nave? ¿Víctor? ¿A todo esto dónde estaba su esposo? Siempre la acompañaba en este maldito proceso.

- Nostalgia. ¿Pasó algo?

La nave se tardó unos segundos más de lo usual en responder:

- Se activó el protocolo de emergencia a través de la Máquina de Planck. ¿Necesitas asistencia para caminar y desplazarte?

Daniela abrió sus enormes ojos con incredulidad. Alguien del clan, del presente o del pasado se estaba comunicando con ellos. Víctor 0964 no estaba ahí, con ella. Algo extremadamente malo estaba pasando.

Un cambió de dirección la golpeó de lleno. Las conexiones intravenosas que la unían a la cámara de criogenización fueron arrancadas de lleno de sus brazos cuando salió volando hacia la pared a toda velocidad.

La materia rápida de la nave suavizó la pared para absorber el impacto. Y en lugar de una colisión elástica la pared se amoldó a su cuerpo recibiéndola suavemente. Aún con todo el choque le sacó el aire de sus pulmones y tratando de respirar cayó al suelo desde la pared que ahora parecía hecha de goma.

Respiró y tosió con desesperación y, después de unos segundos pudo murmurar debilmente:

- ¿Qué pasó nostalgia? ¿Por qué el cambio de dirección? ¿A dónde vamos?

La nave se tardó aún más que la última vez para responder, como analizando cuál sería el mejor plan de acción:

- Mis permisos sobre la dirección y aceleración de la nave han sido anulados. No tengo información confirmada de hacia dónde vamos pero es posible asumir que regresamos a La Hora Dorada.

- Víctor 0964, entonces. Él cambió el rumbo y nos lleva de vuelta a la Hora Dorada. Nostalgia, no puedo caminar, necesito asistencia. Debo ver a mi esposo.

 

Nunca había sido una persona impulsiva. Pero, está situación no era para nada normal.

En un arranque de pánico, de enojo, de absolutamente todo. Cambió de rumbo hacía "casa". ¿Era el mensaje real? ¿Estaba esto realmente sucediendo?

Si el mensaje de Víctor 0001 era real (y no había nada que lo hiciera pensar lo contrario) esto era el principio del fin. El clan Gentian Marcel iría a la guerra. ÉL iría a la guerra. Sus 999 hermanos irían a la guerra.

Temblaba de enojo cuando un sonido llamó su atención así que volteó y la vio. Su Daniela, Daniela 0785.

Estaba sentada en una silla de ruedas automática, mientras se sujetaba el brazo izquierdo a modo de cabestrillo con su brazo derecho. Líneas de sangre corrían desde la región anterior del codo izquierdo.

¿Que había hecho? Se había olvidado por completo de ella. Justo estaba despertándose cuando hizo el cambio de rumbo. Anuló los permisos del Nostalgia. Lastimó a la mujer que amaba... aquello era imperdonable. Se apresuró hacia ella, abrazándola y susurrando: - Lo siento. Daniela, lo siento. No fue mi intención lastimarte. ¿Estás bien? Fue una emergencia. Lo siento tanto.

Se alejó un poco de ella para verla mejor. Una sombra de indignación cruzaba su rostro. Aquello era desastroso.

- Estoy bien. ¿Qué pasó? ¿A dónde vamos?

Víctor 0785 recobró un poco la compostura y con la voz llena de amargura le dijo:

- Vamos de vuelta a casa. A La Hora Dorada.

- ¿Por qué? ¿Qué paso?

- Nos necesitan. Daniela, te amo. ¿Ok? Estaremos bien. Lo prometo. No entres en pánico.

Daniela respiró profundo desesperada: - Víctor. Basta. ¡¿Dime qué rayos ha pasado?!

Víctor abrió los ojos sorprendido. No era común escucharla levantar la voz. Bajando el rostro tomó su mano izquierda, aún manchada de sangre y se la llevó a los labios besándola.

- Será mejor que lo veas por ti misma. - Y empujando su silla de ruedas la llevó frente a la máquina de Planck donde el mensaje de Víctor 0001 parpadeaba en color verde:

<MENSAJE DE VICTOR 0001. URGENTE. AÑO 84,576. LA CASA MADRE ESTÁ BAJO ATAQUE. ENEMIGO AÚN DESCONOCIDO. NUESTROS PADRES... LOS ORIGINALES... VICTOR 0000 Y DANIELA 0000.... HAN SIDO ASESINADOS>

Al parecer, los sueños no pueden durar para siempre.




martes, 2 de julio de 2019

El inicio de un Sueño

Corría el año 3256, la humanidad se las ha arreglado para viajar por las estrellas.

El esfuerzo ha sido sobrehumano pero necesario; era ya imposible seguir viviendo en la tierra.

En uno de estos rincones la humanidad se ha asentado con éxito. Las transmisiones entre planetas se han limitado a una hora de tiempo real. Esto quiere decir que el ser humano en la parte más lejana de este lugar del espacio solo tendría que esperar una hora para escuchar la respuesta a sus consultas.

Lo han llamado: "la hora dorada".

Y es en uno de los tantos asteroides - residencia de este sistema solar que inicia este cuento.

Una niña: Daniela Gentian corría por su casa. La gravedad era un ochenta por ciento de la terrestre, así que aunque Daniela tenía diez años parecía de quince.

Su vida transcurría entre sus mayordomos y mucamas. Humanos todos. Aunque muy bien podrían ser robots.

Pero no, los Gentians no eran personas que se fiaran de los robots. No después de la última gran guerra en la que su familia había jugado un papel importantísimo y vital.

La creación de clones. Ese era el negocio familiar. Negocio que después de la guerra había menguado.

Las implicaciones morales empezaron a hacer mella en los habitantes de la hora dorada: "¿es justo clonar a un ser humano completo e inteligente solo para que sea esclavo de otros?"

Así que la familia Gentian. Anteriormente multimillonaria era ahora solo millonaria. Crear un hábitat alejado para los suyos había costado una completa fortuna; pero todo era poco si se pensaba en la seguridad y resguardo de su heredera: Daniela.

Los Gentian tenían tres hijas. Y Daniela era la segunda. Sin embargo era la heredera por una simple y sencilla razón: era la más inteligente.

En este futuro lejano se premiaba la inteligencia y la sabiduría. No la primogenitura.

El solo mencionar esa palabra: "primogenitura" era muy mal visto. Traía a la memoria incontables catástrofes de una civilización humana atrasada e ignorante.

A pesar de sus 10 años Daniela demostraba una madurez superior. Sus preguntas hacían sufrir a sus mucamas y mayordomos y eran el tormento de su hermana mayor.

Esta última era la vergüenza de la familia. Interesada únicamente en los shows de moda y espectáculos que abundaban en las trasmisiones inalámbricas a lo largo de la hora dorada, no se preocupaba por el negocio de la familia o las implicaciones que habían tenido en la guerra.

"Es la burla", se sorprendió diciendo a sí misma Daniela cuando, en uno de sus tantos recorridos por su enorme casa sorprendió a Melania besándose con un clon. "Usaré esto en su contra más tarde", pensó atinadamente antes de seguir ensimismada en sus pensamientos.

Los padres Gentian tenían sobre su espalda el peso de la guerra. Peso que los ahogaba cada día más.

Necesitaban aliados. Así que aún en contra de lo que deseaban tuvieron que aceptar aliarse con sus antiguos rivales en la guerra: los Marcel.

Ambas familias habían aportado los millones de guerreros que se hicieron necesarios doscientos años antes en la gran guerra del atardecer. Los Gentians proporcionaron los clones. Seres humanos creados para morir. Con los recuerdos y experiencias de combate de sus hermanos fallecidos. ¿Para qué entrenar un ejército si puedes crear uno?

Los Marcel, por el contrario, eran expertos en la fabricación de robots. Y crearon millones para la guerra. 

La guerra terminó y ganó el bando que apoyaba la familia Gentian. Así es: ganaron. Pero esto último era solo teoría.

Después de la guerra y del dilema moral de tener o no clones por ahí el negocio familiar empezó a morir. Mientras que la familia Marcel con sus robots intuitivos y casi humanos fueron el nuevo auge comercial. Crecieron tanto económicamente que eran dueños de tres asteroides y de un planeta enano.

Era necesario aliarse con ellos.

Así que en contra de todos sus instintos empezaron a aceptar visitas en su residencia.

La familia Marcel era amiga ahora, y debía ser tratada como tal.

Y fue en una de esas visitas que Daniela, curiosa como era, se aventuró al puerto de entrada atraída por la novedosa nave espacial Marcel.

Se acercó tanto. Con miedo. Hasta descubrir en la puerta a dos robots guardianes de aspecto intimidante.

A punto de irse observó a un niño en la misma ventana de la nave. Tendría su misma edad. Marcel, seguramente. Como sus padres que en ese mismo instante discutía con los suyos tratados comerciales y alianzas.

Después de varias visitas dejaron al niño bajar de la nave. Y fue allí donde Daniela logró conocerlo.

Se trataba de Víctor Marcel. El heredero de todo lo que su familia poseía. Incluyendo alianzas y pactos comerciales a lo largo de la hora dorada y del sistema inicial.

Daniela, intuitiva como era, supuso que sus previos encuentros no habían sido coincidencia. No. Detrás de ellos, siempre a la distancia, se encontraban las tramas y enrollos de sus padres.

Sin embargo... era la primera vez que podía hablar con alguien ajeno a su familia y a sus fastidiosas hermanas. Hablar con alguien que no fuera un servil clon. Y no iba a desaprovechar la oportunidad.

Las pláticas iniciales trataban sobre sus hogares. Tan diferentes entre sí. Los juguetes de moda, la política de la hora dorada y las posibilidades para nuevas ramas investigativas.

Ambos niños eran dignos representantes de sus hogares.

Con el pasar del tiempo los dos crecieron y, coincidentemente, sin haberse puesto de acuerdo, detuvieron sus procesos químicos y genéticos que los mantenían en la niñez a pesar de sus veinte años de edad real.

Eran amigos, se querían mucho. Y sí, empezaba a surgir entre ellos algo más que amistad.

Por eso fue tan doloroso cuando no pudieron verse más.

El Supremo Dirigente de la hora dorada entró en conflicto con su consejero más cercano y estalló una nueva guerra.

Los jóvenes trataron de mantenerse en contacto pero las trasmisiones entre sus hogares estaban cortadas. Bloqueadas por gigantescos emisores de ondas electromagnéticas.

La guerra duró diez años. Tiempo durante el cual Daniela y Víctor estuvieron separados por millones de kilómetros de vacío espacial.

Al principio Daniela usaba clones para enviar mensajes. Pero estos eran interceptados la mayoría de veces y torturados hasta morir.

Lo mismo pasaba con Víctor. Así que después de un último mensaje entre ambos: "sobreviviremos" desistieron de intentar comunicarse-

Aunque la guerra duró solo diez años las implicaciones de esta duraron mucho más.

Cuarenta años después de iniciada la guerra del anochecer (nombre que le fue dado después) todas las casas principales se reunieron para firmar la paz gracias a la intervención de los combinados: nombre que se les daba a los seres humanos que eran más robots que humanos y que usaban la razón como ninguna otra facción humana en el pasado.

Sin embargo los combinados sabían que era imposible alcanzar la verdadera paz sin justicia. Así que se procedió a juzgar a los implicados en la guerra del anochecer.

Casi el noventa por ciento de los participantes. Incluyendo a los padres Gentian y Marcel fueron condenados a muerte y ejecutados en vivo por cadena interplanetaria.

La guerra había terminado.

De la nada Daniela y Víctor eran los jefes de sus respectivas casas, y a pesar de la tristeza por la muerte de sus padres, lo primero que hicieron al recibir la autoridad sobre sus familias fue viajar a máxima velocidad uno a los brazos de otro.

Se besaron muchas veces, hicieron el amor muchas más, y juntos prometieron ante el consejo humano y combinado no utilizar jamás la tecnología de sus casas para el mal.

Ahora se dedicarían a lo que siempre habían deseado: la investigación. Lo analizaron durante muchos años y trascendieron sus planes. Planes que fueron aplaudidos por la entera hora dorada.

Financiaron el trabajo del Clan Vivendi, especialista en genética de longevidad y juntos lograron alargar la vida del ser humano muchísimo más.

Víctor y Daniela trabajaron duro para crear naves que alcanzaran las estrellas en menos tiempo y en perfeccionar el sueño criogénico para poder dormir sin envejecer a través de largas distancias.

Y fue así como ambos empezaron a cumplir su sueño: recorrer la galaxia. Investigando. Llevando tecnología de vanguardia y soluciones a otras facciones humanas alejadas.

Se crearon mil naves con la capacidad de alcanzar un noventa y nueve por ciento de la velocidad de la luz (después de una aceleración continuada de una gravedad durante varios meses) y se establecieron circuitos que eventualmente las llevarían a, en conjunto, recorrer y comprender toda la galaxia.

Víctor y Daniela se sometieron a los tratamientos de longevidad del Clan Vivendi y se casaron a la manera de la hora dorada: inyectando una parte del material genético de uno en el otro para unirse no solo en matrimonio sino también en cuerpo y alma.

Luego, usando lo que restaba del dinero de ambas familias, se clonaron a sí mismos mil veces. De manera que en cada nave fuera un Víctor y una Daniela a bordo.

Después de cien mil años todas las naves se reunirían para intercambiar experiencias, información y tesoros. Y así volverían a partir, para continuar su sueño: investigar y amarse, hasta el final de los tiempos.

Ahí afuera no estarían solos. Jamás. Sin importar las distancias. Cada uno en su nave. Y sabiendo que más allá, en la inmensidad del espacio, viajaban otros como ellos, con los mismos sentimientos e ideas, mejorando no sólo la hora dorada sino también la galaxia entera.