Le molestaba la sensación de esa vieja alfombra en sus pies
descalzos.
<<Si se empapa, ¿podré limpiarla? –Se dijo a sí misma
preocupada-. No quisiera que Jorge la viera así, tan… roja.>>
Y de pronto la furia la invadió. Cosa que sucedía muy a
menudo. Tomó el cuchillo que descansaba en la mesa de la sala y se arrodilló
frente al cadáver. <<¿Pero quién rayos es este sujeto? –Preguntó mientras
observaba los profundos cortes en el abdomen-. ¿Es el mismo de anoche?>>
Y mientras se perdía en sus pensamientos hundió el arma unas
cuantas veces más justo sobre la cadera del chico.
Había comprado ese cuchillo una semana antes. En Cemaco, sí,
y le encantaba.
<<De carnicero, por favor. –Había dicho con una
sonrisa mientras el encargado corría a hallar el adecuado.>> ¡Y vaya si
lo había hallado! Era un arma temible. Medía más de 30 cm, de acero inoxidable,
liviano y manejable. Justo lo que quería.
<<Y además es muy fácil de afilar señorita. –Había agregado
el dependiente; orgulloso de sí mismo.>>
Para entonces el torso del cadáver era ya un amasijo de
carne y sangre. Aún ella, toda fuerza como era, sitió arcadas de repente. No,
ya no quería ver aquello. Así que se concentró en el rostro. Era un hermoso
rostro. Simétrico y bien moldeado. Con los ojos aún abiertos parecía que el
pobre aún estaba a medio orgasmo.
<<Al menos no sufrió. –Se consoló>>
- ¿O si lo hiciste querido? –Le susurró mientras acercaba la
punta roja del cuchillo al rostro del joven para, paso seguido, introducir la
punta en uno de los globos oculares. El sonido que hizo cuando reventó le
causó un placer indescriptible. Un líquido sanguinoliento surgió de la córnea
corriéndole por la mejilla.
Mónica, porque así se llamaba, se apresuró a lamerlo
mientras cerraba los ojos, para luego buscar su boca e introducir en ella la
lengua. La suya danzaba, la de él resistía.
Una sonrisa asomó a sus labios, como la de una chiquilla que
planea una travesura. Tendría no más de 20 años. Alta y de grandes ojos azules;
cualquiera diría que era la inocencia hecha mujer. <<Cualquiera que no me
conozca.>>
- ¿Crees poder continuar querido? –Preguntó al cadáver
mientras lo veía fijamente a la cara, ahora empapada de sangre-. Hay muchísimas
cosas que aún podemos hacer, -agregó feliz-, ¿seguimos?
El joven mutilado permaneció silencioso, lo que pareció
desesperarla.
-Tomaré eso como un sí –Susurró, recuperando su tono jovial.
Dejó el cuchillo a un lado mientras, sin dejar de verlo a
los ojos, le desabrochaba el pantalón metiendo la mano en su interior. Apretó
con fuerza y, mientras tomaba de nuevo su juguete filoso, le dijo: -La noche es
joven lindo. Ohh, ¿qué dices? No, no, aún no puedes irte. Apenas estamos
comenzando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario