domingo, 29 de junio de 2014

Sputnik, mi amor


"Habría sido mejor que lo hubiese advertido de buen principio, claro está, y es que yo estaba enamorado de Sumire. Desde la primera vez que intercambiamos unas palabras me sentí fuertemente atraído hacia ella y, poco a poco, esa atracción fue mudando hacia un sentimiento sin retorno. Para mí, durante mucho tiempo, solo existió ella. Como es natural, intenté confesarle mis sentimientos. Pero ante ella, no sé por qué razón, era incapaz de traducir mis sentimientos en las palabras justas. En resumidas cuentas, quizás haya sido mejor así. De haberle podido manifestar mis sentimientos, seguro que no me habría tomado en serio."

"Mientras mantenía con Sumire una relación de <<amistad>>, salí con dos o tres chicas. (No es que no recuerde el número. Serían, según se cuenten, dos o tres.) Si incluimos a las chicas con las que sólo me acosté una o dos veces, la lista se alarga un poco más. Mientras pegaba mi cuerpo al de esas chicas, pensaba a menudo en Sumire. Porque, en algún rincón de mi mente, su imagen siempre estaba más o menos presente. Incluso soñaba que, en realidad, era a ella a quien tenía entre mis brazos. Todo esto no era muy normal, evidentemente. Pero en vez de pensar en si era correcto o no, lo cierto es que no podía evitarlo." 



Extracto del libro, escrito por Haruki Murakami

martes, 17 de junio de 2014

La noche apenas comienza (+12)


Le molestaba la sensación de esa vieja alfombra en sus pies descalzos.

<<Si se empapa, ¿podré limpiarla? –Se dijo a sí misma preocupada-. No quisiera que Jorge la viera así, tan… roja.>>

Y de pronto la furia la invadió. Cosa que sucedía muy a menudo. Tomó el cuchillo que descansaba en la mesa de la sala y se arrodilló frente al cadáver. <<¿Pero quién rayos es este sujeto? –Preguntó mientras observaba los profundos cortes en el abdomen-. ¿Es el mismo de anoche?>>

Y mientras se perdía en sus pensamientos hundió el arma unas cuantas veces más justo sobre la cadera del chico.

Había comprado ese cuchillo una semana antes. En Cemaco, sí, y le encantaba.

<<De carnicero, por favor. –Había dicho con una sonrisa mientras el encargado corría a hallar el adecuado.>> ¡Y vaya si lo había hallado! Era un arma temible. Medía más de 30 cm, de acero inoxidable, liviano y manejable. Justo lo que quería.

<<Y además es muy fácil de afilar señorita. –Había agregado el dependiente; orgulloso de sí mismo.>>

Para entonces el torso del cadáver era ya un amasijo de carne y sangre. Aún ella, toda fuerza como era, sitió arcadas de repente. No, ya no quería ver aquello. Así que se concentró en el rostro. Era un hermoso rostro. Simétrico y bien moldeado. Con los ojos aún abiertos parecía que el pobre aún estaba a medio orgasmo.

<<Al menos no sufrió. –Se consoló>>

- ¿O si lo hiciste querido? –Le susurró mientras acercaba la punta roja del cuchillo al rostro del joven para, paso seguido, introducir la punta en uno de los globos oculares. El sonido que hizo cuando reventó le causó un placer indescriptible. Un líquido sanguinoliento surgió de la córnea corriéndole por la mejilla.

Mónica, porque así se llamaba, se apresuró a lamerlo mientras cerraba los ojos, para luego buscar su boca e introducir en ella la lengua. La suya danzaba, la de él resistía.

Una sonrisa asomó a sus labios, como la de una chiquilla que planea una travesura. Tendría no más de 20 años. Alta y de grandes ojos azules; cualquiera diría que era la inocencia hecha mujer. <<Cualquiera que no me conozca.>>

- ¿Crees poder continuar querido? –Preguntó al cadáver mientras lo veía fijamente a la cara, ahora empapada de sangre-. Hay muchísimas cosas que aún podemos hacer, -agregó feliz-, ¿seguimos?

El joven mutilado permaneció silencioso, lo que pareció desesperarla.

-Tomaré eso como un sí –Susurró, recuperando su tono jovial.

Dejó el cuchillo a un lado mientras, sin dejar de verlo a los ojos, le desabrochaba el pantalón metiendo la mano en su interior. Apretó con fuerza y, mientras tomaba de nuevo su juguete filoso, le dijo: -La noche es joven lindo. Ohh, ¿qué dices? No, no, aún no puedes irte. Apenas estamos comenzando.