martes, 2 de abril de 2013

Había acabado


Tenía que ir. Lo sabía. No había faltado en dos años, ya todo era rutina.

<<Si no voy perderé una semana entera de entrenamiento. –Pensó-. O al menos eso es lo que dijo Octavian Bellu en aquella entrevista.>>

No sabía si las leyes aplicables a la gimnasia artística servían también para el fisicoculturismo pero la idea le ayudaba a no desertar.

<<Tengo que ir, -se convenció-, necesito ir.>>

El reloj marcaba las cinco de la tarde exactas. Tomó su bolso con todo lo necesario y se lo echó al hombro derecho. Llevaba lo que haría falta: agua, guantes, un cinturón, una playera sin mangas, una chaqueta deportiva, una pantaloneta corta y, junto a esta, otra más corta aún.

<<Tiene que vérmela puesta. –Se sonrió-. Cuando me la vea no le quedará otra más que…>>

¿Hablarle? Sabía que no lo haría. Lo veía, le sonreía, se sonrojaba cuando sus miradas se cruzaban pero, ¿hablarle? De eso nada. Tendría que hacerlo él.

Caminó por la calle. Sentía las miradas de la gente sobre su cuerpo.

<<Me juzgan. –Pensó-. Si lo hacen ojalá lo hagan sin ninguna piedad.>>

No le afectaba lo que los demás pensaban. Le afectaba aún más lo que él pensaba de él. ¿Una locura? Por supuesto que sí.

El gimnasio apareció de repente. Olía a lubricante de metal, a alfombras recién aspiradas, a sudor. Olía a dolor. Nunca había sentido un aroma que lo cautivara más.

Subió las gradas hasta la recepción. Abrió la pequeña reja que dividía el mundo de los mortales del mundo de los dioses. <<O al menos el de los que van camino a ser dioses.>>

Y de repente la vio. Una pequeña chaqueta deportiva rosada colgada justo frente a él. <<Está aquí…  Adidas, -pensó-, la chica tiene buen gusto.>>

Habían pasado seis meses desde que llegó. Toda sensualidad. Un halo de belleza clásica rodeaba su dorada cabecita. Su piel, blanca como la nieve, se tornaba eróticamente rosada luego de su entrenamiento de fuerza. Y sus piernas…

<<Dios mío, esas piernas.>> Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza el tiempo justo para verla. Haciendo press de pecho. Llevaba pantaloncillos cortos, negros, y una pequeña blusa blanca a tirantes.

<<¿Es que me quiere matar?, -se dijo-. ¿Seré solo yo o con el pelo recogido se parece un poco a Sandra Izbasa?>>

Y se parecía a ella; pero también se parecía a él. Vaya si se parecía a él.

Ninguno de los dos hablaba jamás. Con nadie. Audífonos en su lugar. Trabajaban cardiovascular, fuerza e incluso aeróbicos pero, ni una palabra había salido de sus labios. O al menos él no había escuchado ninguna.

Y eso era bueno. Una chica que se enfoca en lo que hace no es común. Ella era justo lo que necesitaba. Pero entonces: ¿por qué no se lo decía?

<<¿Es que soy un cobarde?>>

Pasó a los vestidores del fondo. Ella lo veía. Sabía que lo hacía.

Se vistió como lo había planeado. Pantaloneta corta, extremadamente corta y playera sin mangas. Bajo la playera su cinturón para fuerza. Le formaba una cintura incluso más atractiva.

Y el entrenamiento empezó.

<<¿Existirá alguien más perfecta?, -se preguntó al cabo de una hora. Mientras ella trabajaba abdomen bajo.- Tengo que hablarle. Tengo que.>>

Había llegado la hora.

Se acercó a ella. Su corazón se aceleró. Su visión se nubló un poco.

No había problema, ella podía pensar que su repentino sudor se debía a la rutina que acababa de terminar.

Y allí estaba. 

Acostada con la cabeza cerca del suelo y los pies fijos en los sujetadores de la máquina la visión era casi celestial. De pie frente a ella abrió la boca. Las palabras no salieron.

<<No me ha notado.>>

Estaba concentrada en recuperarse de sus últimas repeticiones.

De pronto se dio cuenta: ella tenía auriculares. Y él también.

“Marching Season” sonaba de fondo, pero solo él podía oírlo.

Recogió un par de pesas de 20 kilos que estaban descuidadamente distraídas y se retiró. Los ojos fijos en sus zapatillas azules.

<<Solo a mí se me ocurre tratar de hablarle cuando oye música. –Se reprochó.- Solo a mí se me ocurre entrenar oyendo New Age.>>

Había acabado todo. Al menos para él.

_________________________________________________________________ 


Su coleta rozaba el suelo.

<<Se acerca finalmente.>>

Y allí estaba. 

Se quedó de pie junto a ella un instante.

<<¿A qué esperas?, ¿a qué rayos esperas?>>

Abrió la boca… recogió un par de pesas enormes y se marchó.

<<¿Es que solo eso quería?, -se preguntó desesperada.>>

Se estaba cansando de su timidez. ¿En serio la veía? Ella se inclinaba a pensar que sí.

<<Me ve más cuando uso pantaloncillos cortos, -se dijo.>>

Y de pronto lo notó. Ella tenía los audífonos puestos.

“Sing for the Moment” y Eminem sonaban sobre sus tímpanos, pero solo ella podía oírlos.

Se sentó lo suficiente para verlo iniciar otra rutina de bíceps.

Nunca le hablaría. Habían pasado seis meses ya.

Eminem volvió a gritarle en los oídos, alto e irreverente. De pronto la ira la invadió. Arrancó las orejeras de su lugar y las tiró frente a ella con odio.

<<Tanto lucir linda para él. Tanto entrenamiento por él.>>

Se recuperó de inmediato.

Recogió lo que había lanzado. Caminó rápidamente a recepción. Encontró su chaqueta deportiva rosa justo donde la había dejado, colgando pasivamente.

<<Me largo, -se dijo-, solo a mí se me ocurre cargar todo el día los malditos auriculares puestos. –Se reprochó.- No oí lo que me dijo… Solo a mí se me ocurre entrenar oyendo música tan fuerte.>>

Abrió la pequeña reja que dividía el gimnasio de la entrada principal. Descendió hacia la calle.

El frío de la noche acarició su sonrosada piel, otrora blanca como la leche.

Había acabado todo para ella.

6 comentarios:

  1. Victor, me parecio muy interesante, es decir, ninguno de los dos supo que querian llamarse la atencion, y me encanto ese detallaso de los autifonos, digamos que para ellos, los audifonos fueron los culpables de todo:3
    Ademas me gusta Eminem, pero encerio me gustaria que porfin pudieran comunicarse almenos una ves, y que se dieran cuenta que puede existir una gran conexion entre ellos, al principio me parecia confuso, pero las personas son capasez de hacer muchas cosas contal de llamar la atencion de otra, sin saber que la otra persona esta atenta con lo que le llama la atencion a ella, por ejemplo los pantalonsillos cortos, y todos esos detalles que te alegran como la chaqueta, el saber que veras a esa persona y que estas dispuesta a poder hablarle, porque ya no puedes mas, pero cuando llega el momento, las cosas no se dan, aveces simplemente por el deseo de ambos.
    Me encsnto y perdon por mi autografia (:

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Evelyn. Me alegra que te haya gustado. El objetivo de la historia era ese, transmitir lo más posible usando la menor cantidad de palabras. Y te cuento que es de la vida real, todo absolutamente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. oh no pude ser real!! que linda experiencia entonces:3 Feliciades al escritor, osea tu!
      Y cumpliste tu objetivo:)

      Eliminar
  3. Emocionante para mi gusto, aunque mi ansiedad pedía ver las siguientes lineas y conocer que sucedería cuando ella y él se ven en el gimnasio -el día siguiente imagino-... Buen escrito.

    ResponderEliminar
  4. Me agradó mucho Vic, debo decirte que escribes muy bien, logras transmitir muchos sentimientos en tan pocas palabras, describes muy bien todo lo que rodea a los personajes, eso me hace reproducir una pequeña película en mi mente de lo que va sucediendo.
    Espero seguir leyendo más de tu inspiración, será un honor leer tus lineas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eres un amor Aleksa. Muchas gracias. Espero terminar un trabajo más para mañana.

      Eliminar